Ir al contenido principal

Un Poco de Risa (Cap.2, parte 1)


Vaya, estaba teniendo un sueño maravillo, pero la luz del sol me ha despertado y desvelado sin que nada pudiera yo hacer; ojalá hubiera podido seguir soñando. Bueno, vayamos a lo que nos atañe.

Mi venganza fue así:
Se tardó un año en fraguarse todo, pero fue todo perfecto. El chulo se llamaba Enrique, alias ‘el Kike’. Nos enteramos de todo lo que le concernía durante el transcurso de mi recuperación. Resultó ser un proxeneta famoso que controlaba una gran parte del tráfico de mujeres de la ciudad; tenía untada a la policía, y conocía incluso a varios ministros. Por todo esto decidimos tomarnos las cosas con calma y esperar nuestro momento, que tarde o temprano aparecería. Fueron los siguientes meses un tanto extraños, pues por una parte seguíamos nuestras vidas en la calle, tomando, bebiendo y malviviendo, y por otra hacíamos un sigiloso seguimiento de los pasos del Kike.

Cinco meses pasaron hasta que nos esteramos, por mediación de una puta a la que no pagaba, de que nuestro objetivo estaba en apuros. Por lo visto, un policía había matado a dos prostitutas mientras se las tiraba, y ahora el Kike se veía obligado a taparlo todo como bien pudiera. Normalmente esto no le supondría un problema, pero las putas asesinadas eran importantes en el negocio y conocían a todas las demás mujerzuelas; éstas montaron en cólera en cuanto supieron lo ocurrido, y se sentían traicionadas y amenazadas por su chulo, que no les ofrecía protección. Por otra parte, el mismo Enrique tenía especial odio a aquel policía asesino, y roía la afrenta recibida.

Nosotros actuamos de esta forma: el Varo quedó con una de las putas que más odiaba al Kike por lo ocurrido (pues era prima de una de las muertas), y la trato bien y le dije que la sacaría de la calle; la pobre mujer no podía creerlo. Tras unas pocas quedadas más, la chica estaba completamente convencida de que lo mejor que podía hacer es ir a comisaría y denunciar al Kike, pues pensaba que el Varo tenía allí amigos que le ayudarían. Pobrecita. Bueno, mientras el Varo ‘’enamoraba’’ a la joven puta, yo conseguí acercarme al policía asesino, y convidé. Él era un borracho, y no tuvo reparos en aceptar mi invitación. Ciertamente, esta era la parte que más me preocupaba del plan: si yo no conseguía acercarme a él, todo sería en vano, pero la adicción al alcohol jugó de mi lado en este caso. Bebí con él varias noches seguidas hasta que nos llamamos por nuestros nombres y nos dábamos la mano.

Con el terreno preparado, pensamos el momento y el procedimiento; nos decidimos por una noche de luna menguante; a las 2 de la madrugada sucedería y sucedió todo. La prostituta enamorada se escabulló de su casa-prostíbulo y se dirigió a un callejón donde habría de encontrar al Varo; llevaba unos papeles robados que describían los ingresos del Kike. Cuando ella llegó al callejón, nos encontró a mí y al policía asesino.
- Mira, esa puta es la que te dije. Quiere mataros a ti y a chulo. - Le dije.
- ¿Esa?
- Esa.
- Oigan… no sé qué dicen… paren- La verdad es que ver a la joven tan asustada me dio mucha pena, pero qué le íbamos a hacer.
La naturaleza del policía le hizo revelarse como el asesino, y se mofó de la chica. Ella se puso a llorar, rabiosa y herida, y acabó dando gritos. En el callejón, sin embargo, no había nadie salvo nosotros. Apareció el Varo, y hablando muy bajito se acercó más a nosotros junto con la prostituta. La chica no paraba de temblar, el policía sonreía terriblemente borracho, y tanto yo como el Varo aguantamos a pie el nerviosismo del momento. La puta empezó a gritar, el policía gritó más fuerte, y de repente, clavé mi navaja en el cuello del agente. La niña puta se quedó helada; debía tener quince años. Varo y yo corrimos y la dejamos allí, petrificada.

Nos escondimos, esperamos, y contemplamos. El Kike llegó, encontró a la puta, y la tiro al suelo cuando ésta se tiro encima suya; una vez en el suelo, le quitó de la mano el cuchillo y se lo clavó en el cuello. La policía llegó y lo arrestó en ese momento, acusado del asesinato de la puta, del policía, y de las dos putas anteriormente asesinadas, entre otros cargos. Más tarde, o tal vez otro día, narraré con detalle los terribles sufrimientos que me causaron los remordimientos por lo que le hicimos a aquella pobre niña, pero ahora no me apetece hablar de ello. Ojala pudiera seguir soñando.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sobre el canto 1 de la Ilíada y el personaje Aquiles.

Sobre el canto primero de la Ilíada, y el personaje de Aquiles Por Díaz Anula. ¿Te gusta escuchar poesía? Pincha en esta frase Lejos de buscar la realización de un estudio objetivo de la obra Homérica, este ensayo tratará con subjetividad el texto tal como lo haría Croce, no tratando de ilustrar con la verdad, sino con una interpretación; se centrará en el canto uno, en el que Aquiles monta en cólera contra Agamenón   y desiste de luchar. Tras una breve introducción, separaremos el canto en distintas secciones para luego focalizarnos en los acontecimientos y versos de mayor relevancia y belleza para la comprensión del citado héroe, al que se tratará de hacer ver como el primer romántico, el hombre, o héroe, clásico que se movía por motivos más propios de un personaje del siglo XVIII que del suyo. Hay muchos relatos mitológicos y términos que es necesario conocer para comprender la obra, y aunque sean nombrados, en este estudio no serán explicados ni narrados. Para una l...

El Último Poema de Borges. Narrado y con letra.

 El Último Poema. De Jorge Luis Borges. Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, Comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. ...

El Mito de Narciso. Las Metamorfosis de Ovidio.

El mito de Narciso, escrito por el gran poeta romano Ovidio y narrado por mi persona. Esta es una historia que, de tanto ser contada, ha acabado convirtiéndose en la sombra de un relato. Así, este es uno de los textos originales de la época de Cristo que nos cuenta esta tragedia. También nos habla de la ninfa Eco, y da la razón mitológica de este. Si os gusta esto que hago, echadme una manita compartiendo y comentando, que le echo un trabajo y creo que no me oye nadie.