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El músico.

En la gran ciudad de Rípsa, pilar de la civilización y cuna del conocimiento del imperio, los estamentos se dividen clara y unilateralmente. En lo más bajo de la pirámide social se encuentran, por supuesto, los esclavos. No había empresa más dura que dejar atrás la esclavitud, pero siempre había algún valiente que lo conseguía; ni siquiera se les considera hombres. Mucho más común era ver a un hombre libre pero pobre venderse a sí mismo para asegurar la comodidad de sus hijos. El eslabón más bajo entre los hombres libres lo ocupaban los campesinos que vivían en los exteriores de las murallas. Tras ellos, el dinero y sobretodo la familia, determinaba la situación social de cada quién. Los adinerados, la baja nobleza, la nobleza media, la baja nobleza rica, y por último, la alta nobleza. Esta clasificación, sin embargo, no es unánime; no puede serlo jamás. Es simplemente imposible encontrar una estructura divisoria aceptada por todos. Así pues, había, hay y habrá siempre un grup...

El roble

En la plaza de un pequeño pueblo a la ladera de un gran río reposa un inmenso roble. Todos los niños se acercaban siempre a jugar con él; se subían en sus robustas ramas y saltaban al suelo desde las más bajas haciendo reír al árbol. Los niños venían siempre, a veces unos, a veces otros; algunos lo trataban como el árbol merecía, y otros, no tanto, y con el paso del tiempo el roble aprendió a reconocerlos, y ya no dejaba subirse a todos niños, sino que se acordaba de los que no lo habían tratado correctamente y no jugaba con ellos. Estos chicos, lejos de sentirse mal por haber maltratado al roble, tramaron una silenciosa y desproporcionada venganza contra el inmóvil árbol, y cuando llegó la noche y todos los demás descansaban, los malvados niños salieron sibilinamente de entre las sombras y rodearon al bueno del roble.    - Pero bueno, ¿qué hacéis aquí? Ya os dije que no jugaría más con vosotros...- El pobre y desdichado árbol encontró como única respuesta los golpes ...

Relato: Las tres partes.

Las tres partes. Primera parte: La herida. Él le quería, es más, le quiere; le ama como nunca había amado. No, no podía creérselo... no. Él nunca quiso hacerle daño a su hijo; ¿Cómo iba a intentar tal crueldad? Había criado a ese hombre desde que nació, con cariño y ternura, ¿Cómo iba a pensarse siquiera que alguien pueda albergar tal maldad? Era aquella una familia unida y que se amaban unos a otros; los tres, padres e hijo, conocían el mundo más de lo que las personas suelen hacerlo, e incluso podría decirse que se conocían a ellos mismos... pero lo acontecido aquel día habría de cambiarlo todo. Todo sucedió mientras cenaban; estaban padre, madre e hijo comiendo alrededor de la mesa; el hijo, de ya veintiún años, bien educado en los estudios y mejor preparado para el mundo que muchas personas, estaba fumado, pues solía por aquella época fumarse unos pitillos de cuando en cuando. Ese día en concreto había fumado más de la cuenta, y lo cierto es que sus formas estaban ...

A Lord Henry

La consciencia: el refugio de los cobardes, decía Henry. ¡Qué hombre tan grande! Era ávido e inteligente como nadie, y nunca supe de otra persona capaz de leer la vida con la facilidad y claridad con la que él lo hacía. Sabía lo que nadie sabe: se conocía a sí mismo y, por extensión, comprendía el mundo entero. Durante muchos años, tal vez demasiados, me pegué a él y saqué provecho de sus enseñanzas; con él, todo se veía completamente distinto pero, sin embargo, mucho más claro y evidente. Sus explicaciones de la vida, a priori incomprensibles e irritantes, no dejaban de causar en mí gran inquietud, y tras meditaciones extenuantes acababa viendo la realidad como decía Henry. Él era sabiduría, experiencia, claridad, felicidad; pero también otras muchas cosas que me resultaría imposible de describir, pues no tengo su grandioso uso de la prosa, pero seguro que todo el que le haya conocido sabe perfectamente de lo que estoy hablando. Tras largas décadas junto a él, finalmente empe...