Una ideología identitaria es creer que tu raza, por ejemplo, la aria, es superior a las demás, y que debe tu raza , sin duda, ocupar su lugar en la tierra.
Una ideología identitaria es pensar que tú no eres tú, sino que tú eres parte de algo. Por ejemplo, una ideología identitaria es pensar que sólo tu Dios es dios, y que una debe cruzarse con cruzadas contra quien no opine igual.
Una ideología identitaria es saberte parte de un algo, y no necesitar así pensarte ni saberte.
También es una ideología identitaria pensar que tú no eres una identidad, sino que perteneces a una; tú no eres María, ni Lucía, ni nadie; eres simplemente una mujer más.
Así tú no eres tú y no estás oprimido según tu opresión, sino según la opresión que te digan que sufren los que dicen que son de los tuyos. O de las tuyas.
Y niños y sabios culpan a la sociedad, pero no. No. No es la sociedad; es la falta de identidad. Al no ser nadie (y ser es algo muy complejo) puedes caer en las redes del mal y convertirte en un ideólogo identitario capaz de diferenciar la luz de la obscuridad aun en la obscuridad.
El problema de las ideologías identitarias es que de verdad acaba uno pensándose conocedor de la verdad, pero su verdad no es suya, sino que es impuesta; aparece aquí un ser repugnante; un ser capaz de matar, quemar torturas o humillar según dicta un libro que nunca ha leído; un ser que no es, y que trae de nuevo a la mente a un verdadero individuo que jamás habría caído en esto del identitarismo. El problema, amigo Oinos, es que de estos se piensa que son los buenos. Nadie recuerda ya la ideología identitaria de la raza aria.
Una ideología identitaria es pensar que tú no eres tú, sino que tú eres parte de algo. Por ejemplo, una ideología identitaria es pensar que sólo tu Dios es dios, y que una debe cruzarse con cruzadas contra quien no opine igual.
Una ideología identitaria es saberte parte de un algo, y no necesitar así pensarte ni saberte.
También es una ideología identitaria pensar que tú no eres una identidad, sino que perteneces a una; tú no eres María, ni Lucía, ni nadie; eres simplemente una mujer más.
Así tú no eres tú y no estás oprimido según tu opresión, sino según la opresión que te digan que sufren los que dicen que son de los tuyos. O de las tuyas.
Y niños y sabios culpan a la sociedad, pero no. No. No es la sociedad; es la falta de identidad. Al no ser nadie (y ser es algo muy complejo) puedes caer en las redes del mal y convertirte en un ideólogo identitario capaz de diferenciar la luz de la obscuridad aun en la obscuridad.
El problema de las ideologías identitarias es que de verdad acaba uno pensándose conocedor de la verdad, pero su verdad no es suya, sino que es impuesta; aparece aquí un ser repugnante; un ser capaz de matar, quemar torturas o humillar según dicta un libro que nunca ha leído; un ser que no es, y que trae de nuevo a la mente a un verdadero individuo que jamás habría caído en esto del identitarismo. El problema, amigo Oinos, es que de estos se piensa que son los buenos. Nadie recuerda ya la ideología identitaria de la raza aria.
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