Cuánto puede uno
sufrir maltratando
el cuerpo de uno
mismo.
Sentir débiles
articulaciones,
un brazo que se sale
fácilmente,
un pulmón que no
aspira como debe,
una vista rota de
ser forzada
a leer en una
pantalla o un libro.
Qué duro postergar
operaciones
y tratamientos de
los que sospecho
no podrán ayudarme.
Qué duro que
volvería en el tiempo
si de mí dependiera
y trataría sin
éxito alguno
cuidar mejor mi
destrozado cuerpo.
Qué duro saber que
son veintidós
pocos años para que
el cuerpo falle.
Qué duro pensar que
al menos no quiero
un insomnio que se
mida por décadas,
y que duro pensar
que de querer, no
sería capaz.
Qué duro no cuidar
tu propio cuerpo.
Comentarios
Publicar un comentario