El estallido de sangre y dolor que me envolvió al
perder a mi hijo acabó con mi alma. No podía creer lo que estaba
ocurriendo, ¿Por qué? ¿Qué astuto, cruel y grotesco dios puede permitir
tal desdicha, tal sufrimiento? No, el mundo ya no tiene sentido para
mí, pues para mí todo ha acabado. Espero no vivir mucho más, no volver a
sufrir de nuevo, no volver a sentir nada. Mortal, injusta y nefasta
es la diestra bofetada que el destino me asesta, y jamás podré ya olvidar, aun
muriendo, lo mucho que he sufrido y sufro. ¿Por qué insisten estos
incompetentes y necios médicos en atenderme, cuando yo ya no soy nada?
¿Cómo pueden primero dejar morir a mi hijo, y luego pensar siquiera que
yo pueda seguir viviendo? ¡Ah! Ojalá, ojalá yo hubiera muerto y él estuviera
aquí, con su padre.
Hubo una vez un sabio, una leyenda que vive en muerte, que como legado le dejó al mundo su sabiduría y su mente; un hombre cuya inteligencia sobrepasa su época (y posiblemente la nuestra); un literato cuya genialidad está fuera de toda duda: E.A.P. No pararemos aquí a hablar de su persona, ni siquiera de su literatura. Solo comentaremos, o trataremos de comentar, una frase, una sentencia: ''La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no la más sublime de las inteligencias.'' Este ilógico, parabólico, razonamiento que a priori parece una memez, no dejaría de impresionarme si fuera emitido en el siglo XXI. Imagínense a un Rajoy o a un Iglesias emitiendo esta clase de juicios, alejando la estupidez de la locura y la inteligencia del raciocinio. ¿Implica esto acaso que, con la evolución, la estupenda frase de E.A.P quedó arcaica y obsoleta? ¿O tal vez una de las mentes más brillantes de la historia del hombre dijo una memez? Yo, que estudio filología, ...
Comentarios
Publicar un comentario